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Vestigios de encuadernaciones antiguas en el Archivo General del Estado de Oaxaca

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

Vestigios de encuadernaciones antiguas en el Archivo General del Estado de Oaxaca

Por Nadia Armengol Méndez

El bibliófilo es una persona exquisita que sobre todo adora la belleza y la forma […] El arte más nobilísimo es la encuadernación.

Antolín Palomino Olalla, 1987

La historia de la encuadernación a partir de la invención de la imprenta, está enormemente ligada a la historia del libro y de las bibliotecas. La labor del encuadernador en el taller era en muchos casos, la de completar el oficio del impresor y la finalidad de la encuadernación, la de dar protección al ejemplar. Muchas de esas creaciones son ejemplo de la manifestación artística de una época.

La manifestación más primitiva de encuadernación fue la Copta, los códices escritos en pergamino eran tan delicados que necesitaban una protección: tablillas de cedro con bandas de cuero para envolverlos y unas correas para sujetar y transportar el códice. En las cubiertas comenzaron las primeras ornamentaciones y técnicas decorativas.

Para el siglo XVII, cuando en toda la América española no había más talleres tipográficos que los de México, Puebla y Lima (Perú), Oaxaca fue la tercera provincia de la Nueva España privilegiada con la llegada de la imprenta. Hay indicios que la sitúan en 1687, en la vieja Antequera. El primer taller de imprenta fue el de Diego Fernández de León, particular quien transportó esta maquinaria desde Puebla, la misma traída al nuevo mundo, por Juan Pablos.

Si bien las primeras imprentas fueron traídas por instancias de los frailes de Santo Domingo de Guzmán, los talleres de impresión se encontraban en el convento de San Pablo. Es así, que el documento más antiguo que se conoce impreso en dichas prensas, es un Sermón fúnebre, por Doña Francisca Flores, primera mujer con licencia en Antequera en 1720. Para 1811, el presbítero José María Idiáquez, bachiller en teología perteneciente a la orden de los filipenses, tuvo a su cargo la imprenta y la difusión de tipos para la publicación de documentos. Otros talleres de imprenta que funcionaron en Oaxaca fueron el del Gobierno desde 1823, a cargo de Lorenzo Aldeco; y la del Instituto de Artes y Ciencias de Oaxaca, en 1827, entre otros.

Para el Siglo XIX, con la modernización de los sistemas de producción, el estilo de las encuadernaciones se volvió cada vez más artesanal y artística, con nuevas técnicas decorativas y mayor calidad, destacando los libros de los siglos XIX y XX. El auge de los talleres de imprenta era muy valioso, sin embargo, pocos de ellos se dedicaron a la encuadernación y elaboración de libros, como José A. Caballero, los hermanos San Germán y Julián S. Soto.

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Julián S. Soto tuvo una destacada labor por su alta calidad de impresión: postales, libros, etiquetas, invitaciones; además de la elaboración de libros rayados y encuadernaciones artísticas. Su taller se encontraba ubicado en la 1ª Calle de Benito Juárez nº 1, en el Centro de Oaxaca (hoy la esquina de M. Alcalá e Independencia).

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El Archivo General del Estado de Oaxaca cuenta con vestigios documentales y encuadernaciones de éste y muchos otros talleres tipográficos y litográficos, principalmente de la Ciudad de México, como el taller La Helvétia.

Existen expedientes con la clasificación: GOBIERNO, Comunicaciones y Transportes, Imprenta del Estado, 1914. Estos incluyen una nota de remisión y un memorándum del taller tipográfico de Julián S. Soto, a quien la Dirección de la imprenta del Estado, encargó tarjetas de visita y timbres de factura y donde también aparece el nombre del Lic. Miguel Martínez, gobernador en turno.

También existe un “Mapa topográfico mercantil del centro histórico de la Ciudad de Oaxaca” de 1903 que ubica comercios importantes de la época, destacando la mención y ubicación del taller de Julián S. Soto, colocándolo como único distribuidor de este mapa.

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En la hemeroteca y fototeca de la Biblioteca de Genaro V. Vásquez, se encuentran vestigios de la existencia del taller de Julián S. Soto: una postal del impresor y una publicación en el Periódico El Mercurio, del 13 de Junio de 1926, donde se hace público el traspaso del taller del impresor a los señores Borbolla y Reigadas.

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El Archivo General del Estado de Oaxaca, cuenta con libros que nos relatan la evolución de los estilos de encuadernación de acuerdo a cada época. Existen libros con recubrimientos de pergamino, piel, gamuza, tela, papel marmoleado, papel, todos con una belleza particular. Hay 13,073 libros, clasificados en cinco Fondos: Gobierno, Hacienda, Justicia, Registro Civil y Milicia; abarcan desde el siglo XVII hasta el XX. El libro más antiguo data de 1643, clasificado en GOBIERNO, Informes, Secretaría del Despacho.

Los oaxaqueños somos privilegiados por contar con este gran patrimonio documental albergado en el AGEO. Conociendo el pasado de nuestro estado, entenderemos mejor el presente y cimentaremos mejor nuestro futuro.