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Evaluando los expedientes del AGEO

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

EVALUANDO LOS EXPEDIENTES DEL AGEO

Por Alissa Hernández Carmona

La conservación preventiva mira siempre hacia el futuro, su objetivo es prevenir y pausar lo más posible, los deterioros que puedan afectar la permanencia de los bienes culturales en el tiempo. Los documentos de un archivo histórico, son bienes que forman parte de nuestro patrimonio cultural. Esto lo comprendí cuando comencé a trabajar en el Departamento de Conservación y Restauración del AGEO, mi primera experiencia con el patrimonio documental fue participando en el Proyecto de evaluación del estado de conservación de los fondos históricos del Archivo General del Estado de Oaxaca.

Este proyecto, fue motivado por tener una idea más clara del estado material de conservación de los documentos del archivo histórico. La evaluación es un paso del ciclo de la conservación preventiva que permite generar diagnósticos, para resolver las problemáticas que causan los deterioros y prevenir que avancen los existentes, o surjan nuevos.

En el proyecto, participé durante ocho meses, revisando 70,712 expedientes de los cinco fondos históricos del AGEO: Gobierno, Hacienda, Justicia, Milicia y Registro Civil. Cada expediente, fue revisado hoja por hoja y evaluado de acuerdo a su estado de conservación material. La guarda de conservación que contiene y protege a cada expediente, fue marcada con letras claves conforme a la evaluación realizada, para facilitar la identificación sobre su situación de conservación.

En este proceso se detectaron deterioros tales como: suciedad, infección microbiológica, inestabilidad estructural de los soportes, inestabilidad de las tintas y disfuncionalidad de las intervenciones anteriores. Estos fueron englobados en cinco estados de conservación: requiere limpieza, requiere desinfección, requiere intervención (de restauración), requiere re intervención e intervención completa.

Para determinar si un expediente requería limpieza, se observó si contenía polvo, tierra, lodo, insectos o excretas, elementos metálicos y corrosión provocada por clips, alfileres, grapas y broches.

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Para evaluar si un expediente requería desinfección, se revisa para detectar concreciones, un polvito que crean los hongos cuando se están desarrollando, es decir cuando están activos. También se buscan manchas características de microorganismos (hongos, bacterias) de colores llamativos como rosa, morado, lila, verde y café. Al no mostrar crecimientos en volumen (concreciones), se denota la inactividad del microorganismo y no se considera patógena, pero sí hay que tomarla en cuenta pues podría reactivarse.

La necesidad de intervención de restauración se determinó buscando la existencia de daños en el papel, como roturas, faltantes, debilidad, laxitud y abrasión; inestabilidad de los elementos sustentados como tintas ferrogálicas carbonizadas. Para esto, se examinaron detalladamente las orillas, los dobleces, la estructura de la hoja, su resistencia al manipularla y cualquier deterioro que pudiera amenazar su permanencia material.

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Para establecer la necesidad de re-intervenir una restauración previa, se revisó por intervenciones deterioradas o de aplicación ineficaz, aquellas que no estuvieran cumpliendo su función de conservar y por el contrario, contribuyeran a su deterioro: soportes auxiliares, de todo tipo, desprendidos; refuerzos en faltantes de soporte con papel reactivado, pues este papel puede activarse nuevamente con un aumento en la humedad del ambiente y adherirse a la hoja continua.

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Para considerar que un expediente contaba con una intervención completa, este no debía contener suciedad, ni presencia de microorganismos y tener una estructura estable en sus hojas, pues al no tener deterioros que detener, no necesita más procesos.

Al hacer evaluaciones generales de estado de conservación durante meses, aprendí cómo se ve un deterioro en todos sus niveles, desde el más simple como una rotura pequeña, hasta el más grave, como un ataque activo de microorganismos y todos sus efectos: la porosidad y debilidad de la hoja, hasta deshacerse, las manchas de colores o concreciones, o el rompecabezas de pedacitos de hojas contiguas.

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Para conservar el patrimonio documental hay que identificar sus deterioros para después aprender a resolverlos, pero lo más importante es saber cómo evitarlos: con prevención, y con ello, prolongar su vida para que las futuras generaciones puedan tener acceso a nuestro patrimonio.