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El volumen de los sellos.

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

EL VOLUMEN DE LOS SELLOS

Por Marlen Vera Ruíz

Contrario a lo que podemos imaginar, en los documentos existen sellos que pueden ser imperceptibles para nuestros ojos. Siempre que pensamos en un sello visualizamos una imagen sobre un papel, pero existe un tipo de sello que no requiere de tinta, ni de la goma para crear una imagen. Tal es el caso de los sellos secos o gofrados.

El gofrado es una estampa con ausencia de color, no se utilizan tintas para marcarlo sobre el documento. Este proceso reproduce la forma en relieve por efecto de la presión. Hay quienes lo denominan troquel, cuyo ejemplo más popular es la impresión Braille. Se utiliza una placa de metal con una figura en relieve o en hueco, a la que se denomina matriz, ésta se coloca sobre el papel y después se aplica presión para crear la imagen.

La luz juega un papel muy importante en esta técnica pues la imagen sólo puede hacerse visible si existen sombras; la luz y las sombras son lo que nos permite observar el volumen de todas las cosas. Cuando el volumen es convexo se le llama gofrado en relieve y cuando es cóncavo, gofrados en hueco.

El sello más antiguo encontrado, elaborado en cerámica, es de un ex libris del Antiguo Egipto -donde hacían escarabeos (amuletos) para sellar los papiros-, perteneció a Amenhotep III, uno de los más grandes faraones por casi 40 años. En Mesopotamia, usaban cilindros grabados que se hacían rodar sobre tablillas de arcilla. Durante la Edad Media se desarrolló esta herramienta y adquirió un carácter validativo, se utilizaba para afirmar la palabra de los reyes y los obispos.

Los sellos se han utilizado para diferentes propósitos como garantizar la integridad e inviolabilidad de documentos, marcar la propiedad de una persona o institución, autenticar la autoría o para la validación de un documento porque acompaña a la firma.

Los gofrados pueden ir acompañados de algún material para sellar, como es el oro o la plata, que se utilizaba sobre pergaminos (piel) y pendientes, es decir el material del que pende, como hilos de seda o cordones de cáñamo, utilizados para comprobar la identidad del portador del sello. Se usaban en las cancillerías medievales, en documentos solemnes que salían de las cancillerías reales y semisolemnes de las cancillerías pontificias.

En el AGEO tenemos gofrados con lacre, que son fáciles de reconocer por su coloración rojiza. El lacre es una pasta parecida a la cera, hecha a base de colofonia (resina natural color ámbar) goma laca, trementina y un color mineral, que se calienta y se aplica sobre el documento. Ha sido utilizado desde el siglo XVI, generalmente con la única función de sellar.

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Otro de los sellos que hemos encontrado, y de los más llamativos, es el de oblea. Se elabora colocando un adhesivo en el documento, que podría ser goma arábiga y después se colocan papeles de diferentes formas, muchas veces con gofrados independientes. Pareciera que su forma asemeja una flor ya que, en algunos casos, los tonos de cada papel son distintos.

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En muchos documentos resguardados en el AGEO, podemos apreciar diferentes formas en los gofrados, desde el nombre de una fábrica, hasta el águila del escudo nacional.

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En el Departamento de Conservación y Restauración debemos cuidar la integridad tanto de la información como de su soporte y darle un tratamiento específico a cada deterioro encontrado en los documentos, por ejemplo, los sellos de lacre son quebradizos y se debe tener cuidado al momento de su manipulación, también pueden tener objetos incrustados que deben retirarse, solamente si no dañan su integridad física.

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El papel está expuesto a diferentes daños físicos, como roturas y daños por humedad; biológicos como los microorganismos; y a daños químicos como la oxidación. Los sellos secos reciben el mismo tratamiento que se le da al papel, pero debemos considerar su forma al momento de tratarlos, y esto incluye a los de lacre, pues se podría perder el volumen grabado. Cuando son de tipo oblea, hay que ser muy cuidadoso al manipularlo para no romper el papel, y protegerlo con una guarda de protección especialmente elaborada para el sello.

Los gofrados son piezas que debemos preservar, no solamente porque forman parte de un documento, de un expediente o por ser una herramienta para la buena organización de un archivo, y porque nos dan información sobre su origen y su temporalidad, sino también porque es un arte que deberíamos apreciar, no sólo por su belleza sino por todo el proceso que implica su manufactura.