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Conservación curativa del cuerpo y alma de un libro

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

Conservación curativa del cuerpo y alma de un libro

por Nadia Armengol Méndez

“El ser humano y sus descuidos/arrogancia al manejar la herencia del pasado, sin duda. No tenemos consciencia de que somos apenas un grano de arena en la historia de los objetos y que es nuestro deber protegerlos para que sigan perviviendo hasta su decaimiento definitivo…”

Luis Crespo Arcá, restaurador de obra gráfica.

Me pareció una frase atinada para comenzar a explicar tan sólo una parte de la labor y la importancia del trabajo de preservación desarrollado por el Departamento de Conservación y Restauración, en el cual me desempeño. Somos quienes asumimos la responsabilidad de conservar y resguardar el patrimonio documental del estado como parte del Archivo Histórico, que a su vez pertenece al Archivo General del Estado de Oaxaca.

Primeramente debemos definir qué es la conservación, entendida como todas aquellas acciones que realizamos para salvaguardar el patrimonio cultural con el fin de que las futuras generaciones puedan acceder a él; existen diversos niveles: preventiva, curativa y la restauración. Hablando de conservación curativa me gustaría definir el término. La RAE define la palabra curar como “Aplicar los remedios o tratamientos oportunos a un enfermo o lesionado o a una parte dañada de su cuerpo, o tratar una herida o lesión con los cuidados pertinentes”. Entonces podemos entender la conservación curativa como: Todas aquellas acciones aplicadas de manera directa sobre un bien o un grupo de bienes culturales que tengan como objetivo detener los procesos dañinos presentes o reforzar su estructura. Estas acciones sólo se realizan cuando los bienes se encuentran en un estado de fragilidad notable o se están deteriorando a un ritmo acelerado, por lo que podrían perderse en un tiempo relativamente breve. Dichas acciones a veces modifican el aspecto de los bienes.

Atendiendo al título del artículo, la palabra alma se entiende como la “sustancia o parte principal de cualquier cosa”. Podemos decir entonces que, nuestra tarea principal es la de curar deteniendo los procesos dañinos que ponen en riesgo su estado material, así como su esencia. En el caso de este artículo, en referencia a los libros que intervenimos para su conservación y consulta.

Como Departamento de Conservación y Restauración tenemos claro que, para poder intervenir un libro, tuvo que haber sufrido un daño que impida su apreciación, manipulación y lectura, considerando siempre el total respeto al material de origen. Teniendo como base esto, es posible decir que nuestra principal labor es: Conservar un documento original y proteger su integridad, asegurar que no se pierda la información y que no se cierre ninguna posibilidad futura de preservación y acceso, pues los libros y/o documentos originales poseen a menudo un valor intrínseco que jamás tendrá una copia.

Los procesos de intervención que realizamos están basados en la teoría de la disciplina de la Restauración, tomando en cuenta criterios éticos y principios prácticos. Los primeros son aquellos que nos piden realizar el mínimo de procesos necesarios que ayuden a garantizar su estabilidad; la intervención realizada debe ser fácilmente reconocible y los materiales usados, compatibles con los originales. Los principios prácticos se refieren a que todos los materiales con los que se realiza la restauración, sean reversibles en caso de futuras intervenciones, restaurar sólo la materia, no permitir la falsificación histórica al borrar la huella del paso del tiempo y que los materiales sean física y químicamente compatibles al original.

Asumiendo estos criterios, nuestro objetivo es preservar el patrimonio cultural tangible a futuras generaciones, asegurando su uso actual y respetando su significado social y espiritual (alma). El ideal para quienes laboramos en el Departamento de Conservación y Restauración es tener siempre presente que “tratamos la materia para poder rescatar la esencia de la obra”.

De manera particular, les contaré que me tocó realizar la intervención de un libro que pertenece al fondo documental Gobierno, del siglo XIX. Su ficha de primer diagnóstico decía mal estado, intervención próxima. Tuve la fortuna de asumir un reto como tal ya que el mal estado era evidente.

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Pero ¿por qué se encontraba en tan mal estado? Pues en parte debido a su material constitutivo: papel de pulpa de madera, encolante de resina de colofonia y texto manuscrito con tintas ferrogálicas. Por otra parte debido a una manipulación incorrecta durante su vida en uso constante, perdió su encuadernación (cubierta de protección), su costura se rompió y algunas hojas estaban rotas y con partes faltantes. Además de otros factores extrínsecos como las galerías en sus hojas, generadas por el ataque de insectos que comen papel y la presencia de polvo en superficie.

Si bien el paso del tiempo hizo su trabajo, agentes propios de su manufactura y la manipulación además de su almacenamiento no ayudaron a su conservación. Así que el trabajo realizado fue intenso, hubo que hacer diversos procesos de conservación curativa para asegurar su preservación.

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Este es sólo un ejemplo de una gran diversidad de libros que en el día a día nos vamos encontrando en el Archivo Histórico del AGEO, lugar que lejos de ser sólo una edificación de resguardo y hospital (por llamarlo de alguna manera) de libros y documentos deteriorados, esperamos se convierta en la cuna de conocimiento, cultura y reconocimiento del propio pueblo de Oaxaca y lo sienta como suyo, ya que mucho de lo que aquí hoy tenemos, es el gran tesoro de nos dejaron nuestros ancestros.

Sabemos que en nuestras manos se encuentra una responsabilidad ética de trabajo, es por ello que ponemos el empeño necesario para que cada libro recupere esa parte que por motivos ajenos a él, ha perdido. Así como conservar, además de su valor informativo y de consulta, su valor espiritual, su valor intrínseco.