Autos de lujo en Oaxaca, el nuevo Hudson

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO

AUTOS DE LUJO EN OAXACA, EL NUEVO HUDSON

Por Aracely Rodríguez Gasga

El automóvil es sin lugar a duda, uno los inventos más reconocidos en el siglo XX, los primeros prototipos se crearon a finales del siglo XIX, incrementándose su producción en la siguiente centuria, por ser un instrumento muy útil para las actividades cotidianas que realizaba el hombre moderno. Esta invención ha ido evolucionando a través del tiempo: los primeros modelos funcionaron con vapor, luego se utilizaron motores de combustión interna, adaptándose algunos al uso de la electricidad y en la actuliadad, encontramos carros híbridos de un mayor rendimiento energético.

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Dentro del Archivo General del Estado de Oaxaca, encontramos documentos que nos dan testimonio de la evolución de este medio de transporte. Dentro de la colección Impresos, localizamos un anuncio de 1947 que parece haber sido remitido a la Tesorería del Gobierno de Oaxaca, para publicitar la adquisición del nuevo Hudson. Se muestran sus versiones Commodore y Súper, en los modelos Sedan de cuatro puertas, Brougham de dos puertas y Coupe Club, equipados con motores Hudson super ocho y seis , con sus avances en frenos de triple seguridad, embrague en baño de fluido y el aparato “Weather Control” acondicionador de la atmósfera.

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Llama mucho la atención los colores de la portada en tonalidades azul rey, cielo y turquesa, crema, blanco y rojo, con el escudo de la compañía, representado en un campo negro con dos torres y dos barcos y el nombre Hudson, todas las gráficas son dibujadas con un estilo de los años 40, utilizando como modelos pilotos, mujeres de clase media alta, damas conduciendo el automóvil, o familias completas disfrutando los amplios espacios de este carro. Su discurso maneja slogans como: “Hudson presenta un triunfo automovilista”, “Pruebe usted el manejo superior con Hudson Driver-master”, asentando que es un auto moderno y seguro, con grandes motores, diseño de vanguardia y con características únicas.

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En cuanto a las particularidades del auto destacan: motor de arranque, interruptor montado en el tablero, sistema de combustible con una capacidad de 76 litros, sistema de enfriamiento radiador tipo celular tubular con bomba centrífuga de paletas, cambia marchas debajo del volante, embrague tipo balanceado de 10 pulgadas amortiguado en fluido, batería de acumuladores tipo pesado, transmisión de tipo sincronizado silenciosa, tres velocidades hacia adelante y una hacia atrás, tres juntas universales con un árbol propulso tubular, frenos de triple seguridad, dirección sistema pivote céntrico que asegura la estabilidad a cualquier velocidad y superficie, ruedas de acero balanceadas con aro de centro, neumáticos tipo súper acojinado de baja presión y gran volumen, ventilador en el cubretablero con separador de lluvia integral y tela metálica contra insectos, parabrisas extra ancho de curva honda, para aumentar el campo de visibilidad y reducir los reflejos, faros delanteros tipo proyección sellada.

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En resumen un auto fantástico con interiores espaciosos y confortables, rebosante de potencia, con una construcción ingeniosa de estilo moderno de líneas airosas y tendidas, que permite un delicioso andar por el camino. Un discurso que atrapa y envuelve, creando la pulsión que debemos adquirir ese carro. Por último, remata la publicidad con una invitación para visitar la agencia Álvarez y Neila, ubicada en la Calle Bustamante y Rayón, Oaxaca, Oax., donde se podrá apreciar el Nuevo Hudson, todo un discurso bien armonizado que omite el pequeño detalle de no decir a qué precio se vende esta maravilla automotriz.

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Al parecer no ha cambiado mucho la publicidad, todo el discurso nos formula grandes expectativas del producto, incentiva una necesidad real o imaginaria de que nos dará placer y reconocimiento social, lo único que se ha modificado, son los medios en que se trasmite el mensaje, antes se hacía a través de papel impreso, pero ahora es la televisión o los medios electrónicos, que nos saturan de múltiples productos, todo gracias a la sociedad consumista en que vivimos.

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Toda esta información la podemos encontrar en los documentos que se resguardan en el AGEO, instrumentos que nos sirven para acercarnos al pasado y dar testimonio de cómo actuaba la sociedad hace algunas décadas, permitiéndonos hacer una reflexión sobre qué tanto hemos cambiado en el trascurso del tiempo. Por eso los invitamos a que nos visiten para que sumerjan en tan apasionantes temas.

Evaluando los expedientes del AGEO

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

EVALUANDO LOS EXPEDIENTES DEL AGEO

Por Alissa Hernández Carmona

La conservación preventiva mira siempre hacia el futuro, su objetivo es prevenir y pausar lo más posible, los deterioros que puedan afectar la permanencia de los bienes culturales en el tiempo. Los documentos de un archivo histórico, son bienes que forman parte de nuestro patrimonio cultural. Esto lo comprendí cuando comencé a trabajar en el Departamento de Conservación y Restauración del AGEO, mi primera experiencia con el patrimonio documental fue participando en el Proyecto de evaluación del estado de conservación de los fondos históricos del Archivo General del Estado de Oaxaca.

Este proyecto, fue motivado por tener una idea más clara del estado material de conservación de los documentos del archivo histórico. La evaluación es un paso del ciclo de la conservación preventiva que permite generar diagnósticos, para resolver las problemáticas que causan los deterioros y prevenir que avancen los existentes, o surjan nuevos.

En el proyecto, participé durante ocho meses, revisando 70,712 expedientes de los cinco fondos históricos del AGEO: Gobierno, Hacienda, Justicia, Milicia y Registro Civil. Cada expediente, fue revisado hoja por hoja y evaluado de acuerdo a su estado de conservación material. La guarda de conservación que contiene y protege a cada expediente, fue marcada con letras claves conforme a la evaluación realizada, para facilitar la identificación sobre su situación de conservación.

En este proceso se detectaron deterioros tales como: suciedad, infección microbiológica, inestabilidad estructural de los soportes, inestabilidad de las tintas y disfuncionalidad de las intervenciones anteriores. Estos fueron englobados en cinco estados de conservación: requiere limpieza, requiere desinfección, requiere intervención (de restauración), requiere re intervención e intervención completa.

Para determinar si un expediente requería limpieza, se observó si contenía polvo, tierra, lodo, insectos o excretas, elementos metálicos y corrosión provocada por clips, alfileres, grapas y broches.

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Para evaluar si un expediente requería desinfección, se revisa para detectar concreciones, un polvito que crean los hongos cuando se están desarrollando, es decir cuando están activos. También se buscan manchas características de microorganismos (hongos, bacterias) de colores llamativos como rosa, morado, lila, verde y café. Al no mostrar crecimientos en volumen (concreciones), se denota la inactividad del microorganismo y no se considera patógena, pero sí hay que tomarla en cuenta pues podría reactivarse.

La necesidad de intervención de restauración se determinó buscando la existencia de daños en el papel, como roturas, faltantes, debilidad, laxitud y abrasión; inestabilidad de los elementos sustentados como tintas ferrogálicas carbonizadas. Para esto, se examinaron detalladamente las orillas, los dobleces, la estructura de la hoja, su resistencia al manipularla y cualquier deterioro que pudiera amenazar su permanencia material.

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Para establecer la necesidad de re-intervenir una restauración previa, se revisó por intervenciones deterioradas o de aplicación ineficaz, aquellas que no estuvieran cumpliendo su función de conservar y por el contrario, contribuyeran a su deterioro: soportes auxiliares, de todo tipo, desprendidos; refuerzos en faltantes de soporte con papel reactivado, pues este papel puede activarse nuevamente con un aumento en la humedad del ambiente y adherirse a la hoja continua.

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Para considerar que un expediente contaba con una intervención completa, este no debía contener suciedad, ni presencia de microorganismos y tener una estructura estable en sus hojas, pues al no tener deterioros que detener, no necesita más procesos.

Al hacer evaluaciones generales de estado de conservación durante meses, aprendí cómo se ve un deterioro en todos sus niveles, desde el más simple como una rotura pequeña, hasta el más grave, como un ataque activo de microorganismos y todos sus efectos: la porosidad y debilidad de la hoja, hasta deshacerse, las manchas de colores o concreciones, o el rompecabezas de pedacitos de hojas contiguas.

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Para conservar el patrimonio documental hay que identificar sus deterioros para después aprender a resolverlos, pero lo más importante es saber cómo evitarlos: con prevención, y con ello, prolongar su vida para que las futuras generaciones puedan tener acceso a nuestro patrimonio.

La uncinariasis en Oaxaca

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

LA UNCINARIASIS EN OAXACA

Por Anabel Salinas Damián

Desde 1924, el Departamento de Salubridad Pública, reconoció el grave problema que constituyo la uncinariasis en una gran parte del país y ha mantenido su trabajo durante mucho tiempo para poder controlar y determinar qué tanto ha afectado esta enfermedad en lugares tropicales del país. Pero, ¿Qué es la uncinariasis? Es un agente infeccioso, parasitosis intestinal producida por nematodos. La vida media de estos gusanos adultos es de unos seis años, llegando a medir un centímetro de longitud, el reservatorio son los humanos, los huevos que hay en las heces se depositan en el suelo, eclosionan y las larvas se desarrollan durante 7-10 días hasta que son infectivas.

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Las condiciones ideales para el desarrollo parasitario se encuentran en áreas rurales, de cultivo de café, cacao, la caña, en las que coexiste deficiencias importantes de tipo nutricional, socioeconómico y sanitario.

Existe documentación sobre esta enfermedad que se gestó en el estado de Oaxaca: un expediente formado por la Secretaria General del Despacho, Departamento de Fomento, en el que se detallan los trabajos emprendidos contra la uncinariasis por la unidad sanitaria establecida en el Ex -Distrito de Tuxtepec, Oaxaca, el 27 de enero de 1930. Dicho expediente se encuentra en el Archivo General del Estado de Oaxaca y se creó por medio de algunos informes, correspondencia y sobre el trabajo que se tuvo que realizar en su momento para combatir la uncinariasis y otras enfermedades, que fueron surgiendo en aquella época.

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La forma en la cual se producía o desarrollaba esta enfermedad era porque el hombre al estar con los pies y manos sin protección, entraban en contacto con las larvas que atravesaban la piel, pasaban por la circulación sanguínea y llegabano al corazón y posteriormente a los pulmones; donde alcanzaban los bronquios y ascendían hasta la tráquea y la faringe, donde eran ingeridos para, finalmente alojarse en el intestino delgado unidos a la mucosa intestinal por su cápsula bucal, produciendo miles de huevos al día. Uno de los signos principales que caracteriza a esta enfermedad es la anemia, producida por las constantes perdidas sanguíneas a nivel del intestino, provocando un aspecto de palidez y fatiga.

En el primer trimestre de 1930 se rindió un informe mencionando algunos casos de personas tratadas en la lucha contra la uncinariasis, a las cuales se les realizaron estudios físicos y coprológicos, y que presentaron anemia y color de piel amarillenta, por lo que se les aplicaron dosis de Quenopodio, para que expulsaran los gusanos de la uncinariasis.

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El informe contra la uncinariasis, se presentó conjuntamente con el de la unidad sanitaria cooperativa Minatitlán-Puerto, México, persistiendo en el mantenimiento con programas de brigadas o unidades que se dedicaban a la higiene rural entre los tres estados Veracruz, Chiapas y Oaxaca, trabajos que tenían la finalidad de controlar las enfermedades que se encontraran en estos territorios. Las brigadas repartidas en el campo tenían un equipo formado por un médico, dos o tres ayudantes, una enfermera y un mozo, todos dedicaban su tiempo completo al trabajo de la brigada o unidad. Contando con instrumentos científicos necesarios para tratar la uncinariasis.

Parte del trabajo que realizaban, era ir a cada casa e informarles sobre la enfermedad, se apoyaban de ilustraciones y exhortaban a las personas para que se presentaran en la unidad de consulta con el medico asignado, el cual les realizaba diversos exámenes físicos, químicos y bacteriano y de ser necesario, de sangre, para comprobar si tenían otra enfermedad. En algunos casos se detectaba paludismo.

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Ante la falta de conocimiento u orientación de la importancia de los hábitos de higiene y salud, los inspectores sanitarios o enfermeras transmitieron por medio de conferencias, temas sobre la higiene personal, la forma de adquirir y prevenir la uncinariasis, el paludismo, así como la importancia del aseo de los dientes tanto en los niños, como en los adultos. Se implementaron programas para las comadronas, a quienes se les capacitó para llevar a cabo su trabajo de forma higiénica en los casos de parto. Fue necesaria la creación y uso de letrinas, que no solo sirvió para evitar la reinfección, sino también para evitar contraer cualquier otro tipo de enfermedad, como la fiebre tifoidea, la disentería y la diarrea infecciosa.

Durante el primer trimestre se reportó: Tuxtepec, Oaxaca denominada “unidad sanitaria Tuxtepec”, reunía los requisitos tanto en lo económico, como en la buena voluntad de las personas para desempeñar su trabajo en las brigadas; en San Juan Evangelista, Veracruz, se administraron tratamientos contra la uncinariasis y desparasitación de los pacientes; en Tonalá, Chiapas, se administraron tratamientos contra la uncinariasis y se logró la construcción de 137 letrinas sanitarias.

Este documento se encuentra clasificado en el Fondo Gobierno, Sección Salubridad, Serie Informes, año 1930, los invitamos a conocer y consultar los documentos que se encuentran en el AGEO, les aseguramos que se van a sorprender.

Fuente de la imagen de la uncinariasis:
http://fundacionio.org/viajar/enfermedades/uncinariasis%20o%20anquilostomiasis.html

Vestigios de encuadernaciones antiguas en el Archivo General del Estado de Oaxaca

ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA

Vestigios de encuadernaciones antiguas en el Archivo General del Estado de Oaxaca

Por Nadia Armengol Méndez

El bibliófilo es una persona exquisita que sobre todo adora la belleza y la forma […] El arte más nobilísimo es la encuadernación.

Antolín Palomino Olalla, 1987

La historia de la encuadernación a partir de la invención de la imprenta, está enormemente ligada a la historia del libro y de las bibliotecas. La labor del encuadernador en el taller era en muchos casos, la de completar el oficio del impresor y la finalidad de la encuadernación, la de dar protección al ejemplar. Muchas de esas creaciones son ejemplo de la manifestación artística de una época.

La manifestación más primitiva de encuadernación fue la Copta, los códices escritos en pergamino eran tan delicados que necesitaban una protección: tablillas de cedro con bandas de cuero para envolverlos y unas correas para sujetar y transportar el códice. En las cubiertas comenzaron las primeras ornamentaciones y técnicas decorativas.

Para el siglo XVII, cuando en toda la América española no había más talleres tipográficos que los de México, Puebla y Lima (Perú), Oaxaca fue la tercera provincia de la Nueva España privilegiada con la llegada de la imprenta. Hay indicios que la sitúan en 1687, en la vieja Antequera. El primer taller de imprenta fue el de Diego Fernández de León, particular quien transportó esta maquinaria desde Puebla, la misma traída al nuevo mundo, por Juan Pablos.

Si bien las primeras imprentas fueron traídas por instancias de los frailes de Santo Domingo de Guzmán, los talleres de impresión se encontraban en el convento de San Pablo. Es así, que el documento más antiguo que se conoce impreso en dichas prensas, es un Sermón fúnebre, por Doña Francisca Flores, primera mujer con licencia en Antequera en 1720. Para 1811, el presbítero José María Idiáquez, bachiller en teología perteneciente a la orden de los filipenses, tuvo a su cargo la imprenta y la difusión de tipos para la publicación de documentos. Otros talleres de imprenta que funcionaron en Oaxaca fueron el del Gobierno desde 1823, a cargo de Lorenzo Aldeco; y la del Instituto de Artes y Ciencias de Oaxaca, en 1827, entre otros.

Para el Siglo XIX, con la modernización de los sistemas de producción, el estilo de las encuadernaciones se volvió cada vez más artesanal y artística, con nuevas técnicas decorativas y mayor calidad, destacando los libros de los siglos XIX y XX. El auge de los talleres de imprenta era muy valioso, sin embargo, pocos de ellos se dedicaron a la encuadernación y elaboración de libros, como José A. Caballero, los hermanos San Germán y Julián S. Soto.

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Julián S. Soto tuvo una destacada labor por su alta calidad de impresión: postales, libros, etiquetas, invitaciones; además de la elaboración de libros rayados y encuadernaciones artísticas. Su taller se encontraba ubicado en la 1ª Calle de Benito Juárez nº 1, en el Centro de Oaxaca (hoy la esquina de M. Alcalá e Independencia).

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El Archivo General del Estado de Oaxaca cuenta con vestigios documentales y encuadernaciones de éste y muchos otros talleres tipográficos y litográficos, principalmente de la Ciudad de México, como el taller La Helvétia.

Existen expedientes con la clasificación: GOBIERNO, Comunicaciones y Transportes, Imprenta del Estado, 1914. Estos incluyen una nota de remisión y un memorándum del taller tipográfico de Julián S. Soto, a quien la Dirección de la imprenta del Estado, encargó tarjetas de visita y timbres de factura y donde también aparece el nombre del Lic. Miguel Martínez, gobernador en turno.

También existe un “Mapa topográfico mercantil del centro histórico de la Ciudad de Oaxaca” de 1903 que ubica comercios importantes de la época, destacando la mención y ubicación del taller de Julián S. Soto, colocándolo como único distribuidor de este mapa.

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En la hemeroteca y fototeca de la Biblioteca de Genaro V. Vásquez, se encuentran vestigios de la existencia del taller de Julián S. Soto: una postal del impresor y una publicación en el Periódico El Mercurio, del 13 de Junio de 1926, donde se hace público el traspaso del taller del impresor a los señores Borbolla y Reigadas.

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El Archivo General del Estado de Oaxaca, cuenta con libros que nos relatan la evolución de los estilos de encuadernación de acuerdo a cada época. Existen libros con recubrimientos de pergamino, piel, gamuza, tela, papel marmoleado, papel, todos con una belleza particular. Hay 13,073 libros, clasificados en cinco Fondos: Gobierno, Hacienda, Justicia, Registro Civil y Milicia; abarcan desde el siglo XVII hasta el XX. El libro más antiguo data de 1643, clasificado en GOBIERNO, Informes, Secretaría del Despacho.

Los oaxaqueños somos privilegiados por contar con este gran patrimonio documental albergado en el AGEO. Conociendo el pasado de nuestro estado, entenderemos mejor el presente y cimentaremos mejor nuestro futuro.